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Inspiracion Espiritual
Secreto de la Redención
A cargo de Elías V. Noa.
El sentimiento más importante que encontramos en Jesús es su humildad. Por su humildad vino a la tierra para iniciar el Plan Divino de nuestra redención. Por su humildad se despojó de su propio trono. Pudo haber venido con rey, a reinar y mandar; pero vino como servidor, como siervo. Vino con una total dependencia del Padre, renunciando a todo lo que era y presentándose como un recipiente limpio y vacío donde Dios pudiera residir y ejercer su poder.
Lo anterior queda confirmado en Mateo 20.28: "El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos". Recordemos la noche cuando lavó los pies de sus discípulos, poniéndose así, en una posición y actitud de esclavo. Su muerte es una demostración de humildad sin paralelo en la historia de la humanidad. En la cruz ocupó el lugar del pecador culpable para con su sangre limpiar nuestras manchas y culpas.
No se asombre porque digo que de la humildad de Cristo viene nuestra salvación. Ello lo corrobora la carta del Apostol Pablo a los filipenses: "Se humilló a sí mismo (...) Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo". La salvación que nos trajo Cristo, no sólo procede de su humildad, sino que también conduce a la humildad que Dios nos pide. Sólo a través de ella podemos ser restaurados a una recta relación con Dios.
"Aprended de mí, que soy manzo y humilde de corazón", dijo Jesús. El secreto de su exaltación está en que se humilló ante Dios y ante el hombre. Habló siempre a sus discípulos sobre el orgullo; hoy sigue hablando desde esta página a su pueblo sobre lo mismo. En Mateo 23.12 su Palabra enfatiza que "el que se ensalsa será humillado, y el que se humilla (a Dios y al hombre) será ensalsado".
Ahora mismo, si espiritualmente miramos hacia el Trono de Dios, seguimos viendo al Cordero Inmolado, humilde. Con toda la Gloria y Poder que tiene, continúa siendo el mismo Cordero de Dios, manzo, humilde y sin mancha. No seremos exaltados si no llegamos a darle el valor que tiene la humildad en la vida cotidiana del cristiano. Es un llamado que encontramos en la epístola a los filipenses, capítulo dos, versículos del cinco al ocho, para que haya ..."entre vosotros los mismos sentimientos que hubo también en Cristo Jesús". No hay dudas, hermanos. Es la humildad, ese mismo bello sentimiento de Cristo Jesús, el que puede hacer posible en cada uno de nosotros el Plan Redentor que Dios se ha propuesto en tí y en mí.
Sólo si somos extremadamente humildes es que Dios completará sus promesas en su pueblo. El primer libro de Pedro, Dios lo usa para seguir alertándonos en el capítulo 5 de que sólo seremos exaltados cuando fuere tiempo, si "...todos sumisos unos a otros, revestios de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes...". En Mateo 23.26 nuestro Señor Jesucristo nos dice: "El que quiera ser el mayor entre vosotros, sea vuestro servidor". Pero no puede existir una vida de servicio a Dios y a los demás, sin una firme convicción de lo que significa la humildad.
Cristo en la Gloria, aún con todo su poder, nos sigue mostrando su humildad, al morar en nosotros, como prometió antes de su ascención. Es maravilloso saber que El Señor, su Espíritu Santo, nos rodea y nos llena por todas partes y lugares "...todos los días hasta el fin del mundo". Sólo es necesario que abramos nuestros corazones para que EL entre y brille para ejercer su poder en la tierra, a través de tí y de mí.
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